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He lanzado una piedra al mar,
mientras veía su cálido aliento a mediodía,
en ligeras nieblas subía,
ocultando los bajeles a la mirada.
Mis pies desnudos caminan sobre arenas calizas,
se adivinan las minúsculas conchas
desmenuzadas por la mar,
los gritos de las gaviotas acompañan mi paseo,
me refresco en tus tibias aguas,
adorable mar azul.
Ojos diáfanos, azules, cuando estás en paz,
verde mirada acerada en tus momentos oscuros,
el viento levantará tu espalda,
formando festones blancos,
disputando su color a las blancas velas,
que como albas palomas,
raudas navegan hacia puerto.
Te diría adiós desde allí,
un adiós lleno de añoranza y melancolía,
un adiós mentido, pues lo sabes,
no puedo estar lejos de ti.
Entre gaviotas blancas,
descalza sobre la arena,
luciendo su morena desnudez,
camina una muchacha,
la blanca espuma de las olas,
acompaña el vaivén de sus pasos.
Luna y lágrimas,
estelas en la mar.
Camina subyugada al ritmo,
que machaconamente,
le marcan las olas,
tiene los ojos anegados,
en salobres lágrimas,
y el corazón en carne viva.
Luna y lágrimas,
estelas en la mar.
Ten cuidado muchacha,
no dejes que las perlas de tus lágrimas
caigan al mar.
¿Qué luna recogerá
tu dolor de miel y azahar?.
Húmeda está bajo el pino, mi silla,
de vetusta y recia madera,
la han salpicado con fuerza,
la fuerte lluvia invernal,
y cientos de agujas se han servido de ella,
para no ser arrastradas por el agua.
El viento sopla inmisericorde, frío,
hace ondular las ramas
y enreda en ellas las gotas de agua,
abatiéndolas a la vez,
sobre las hojas y el suelo.
Contemplo, y a la vez me extasío,
ante la lucha entre el viento y la lluvia,
porfiando a ver quien cambia mas las cosas.
Me pregunto si las sombras que proyectan,
son las sombras del tiempo,
que se deslizan raudamente,
entre relámpagos, viento y lluvia,
arrebatándonos en cada gota, en cada ráfaga,
parte de nuestra vida.
Soy esa sombra que baila en tus ojos,
cuando miras en la lejanía,
y una sonrisa asoma en tus labios.
Soy ese fuego que nace en tu corazón,
enciende todo tu ser,
avivando locuras en tu mente.
Soy esa caricia robada,
entre sombras fugitivas,
al anochecer.
Soy ese instante fugaz,
que cruzaste una mirada,
haciéndote estremecer.
Soy la pasión,
en esas noches tristes,
de sabanas vacías.
Soy el ensueño de esa locura,
que acoges en tus sueños,
y te despierta sobresaltada.
Soy esa rosa que no llegaste a coger,
porque alguien se te adelantó.
Soy el deseo de tu amor.
Has olvidado mi voz,
has perdido la memoria,
de mi brazo en tu hombro,
del suave roce de mis labios.
Las sencillas frases escritas,
yacen en silencio,
en algún olvidado archivo,
esperando. ¿Quién sabe qué?.
Quizás,
alguien que las rescate del olvido,
Quizás,
su definitiva muerte.
Desaparecí de tus sueños,
nuevas singladuras esperan tus anhelos,
otras rutas inexploradas te esperan,
que tu nave de mi puerto alejan,
hinchen tus velas los mejores vientos,
deja atrás los sueños imposibles,
que alguna vez nos mecieron,
y no eches al mar las redes,
donde los deseos naufragaron.
Olvidaste mi voz,
olvidaste mis besos,
pero yo,
no te olvido.
Salí del llanto, te encontré,
poblaste mis días de cielos azules,
sembraste mis noches de estrellas,
en ellas regué tu vientre de amor.
Tu sangre responde al eco de la mía,
como el surco al arado,
esperando,
que llegue hasta el fondo de ti.
Morena de dulces ojos, alta boca,
deseo de mi piel, esperanza de mi vida,
tus pechos buscan ávidos,
la caricia de mis labios.
Temo que te rompas entre mis manos,
eres como delicado cristal,
que acaricio suavemente,
espejo de mi carne que te anhela.
Te quiero mujer,
envuelvo este amor,
en un clamor de mar,
en un rasgueo de guitarras,
adornado con flores de cerezos,
perfumado con brisas marinas.
Dormiremos amor en sábanas,
de ternura y cariño,
nos cubriremos,
con el edredón de la pasión,
y no dejaremos de amarnos,
hasta que descubran nuestros cuerpos,
desgastados por los besos.
Me gusta sonreír, porque si sonrío,
pienso que estoy más cerca de ti.
Sonrío desde el alma,
así sé que mi sonrisa te llega,
y no me canso de esperar,
la alegría de tu vuelta.
Cuando sonrío,
me siento más libre
y más cautivo de ti,
que me conviertes en ave,
que vuela libre por el mundo,
pero que ansía volver a tu regazo a descansar.
Cuando me sonríes,
tu sonrisa se alza sobre los abismos,
tiende puentes, para que llegues hasta mí,
que espero anhelante,
el sentirte entre mis brazos.
Cuando sonríes,
no hay amanecer ni anochece,
todo es luminosidad,
todo lo desafías amor,
todo se supera.
Con una sonrisa, me dejaste,
vagando, entre la tierra y el cielo.
Consciente de mi tiempo,
ahora que las nieves blanquean,
mi cabeza y mi cuerpo,
he tenido que volver atrás en la distancia,
recogiendo besos, caricias, sonrisas,
dadas algunas veces sin alegría,
otras con el alma plena,
hasta descubrir este camino,
que me lleva a tu boca.
Nos separan las noches tan distantes,
entre tu ciudad y la mía,
esa noche que a su vez nos une.
Ahora, por fin ante ti,
vemos que no hemos perdido nada,
al fin recorremos nuestros cuerpos,
tantas veces lo hicimos en sueños,
labio a labio hemos amado y besado,
todo aquello tan deseado.
Es hora de comenzar de nuevo,
ahora que nos hemos encontrado,
echemos al mar los recuerdos,
los gozos y glorias anteriores,
muramos entre sus olas,
y resucitemos entre la espuma,
para comenzar una nueva vida.
Y aquí nacemos de nuevo,
puros, sin jorobas de tiempos atrás,
que intentaron desviar nuestros destinos,
eternos como el fuego,
que siempre arderá en nuestras almas.
Obsérvala,
tiene unos maravillosos ojos verdes,
obsérvala,
su mirada hace que los árboles
muden sus galas,
obsérvala,
transforma parte de la noche en día.
Descubre en ella,
sus secretos,
el de esa rosa roja,
el de ese blanco lirio,
que nacen de su vientre.
Mírala,
ella es amor,
leche y miel manando de sus pechos,
flores de azabache sus cabellos,
ella es saeta clavándose en las almas,
ella es pasión cuando sus brazos
levanta y te abraza,
ella es el beso hecho armonía
entre los susurros del viento.
Ella es, la primavera.
En el enmarañado montón de algas,
que la mar arrastra, caóticamente,
intenta vanamente la luna,
arrancar destellos de plata
del oscuro marrón opaco.
Parece que el viento ha tomado cuerpo,
un cuerpo ebrio de poder,
que golpea alegre, ciego,
la multitud de formas que se encuentra.
Grandes nubes huyen volando,
como grotescas animaciones celestes.
No puedo decidirme.
Vuelvo despacio sobre mis pasos,
voy pensando en esos ojos,
aunque el viento me azota con fuerza,
unas lágrimas resbalan por mis mejillas,
será arena, que ha entrado en mis ojos,
o quizás el dolor de haber perdido,
la radiante belleza de tu sonrisa.
Me paro una vez y otra.
Mi cuerpo, parece obviar,
los golpes del viento.
está atrapado en un rincón de mi mente,
que recuerda emocionada los campos,
verdes y morados de violetas tempranas,
lanzando su olor fino, a veces penetrante,
a veces embriagante que mi alma recibía,
como el viento a veces caliente,
y a ratos, aún frío.
Ese aroma me traía, esa pasión virgen,
de aquellos negros ojos almendrados,
la delicadeza de esa pierna en seda negra,
la suavidad de esos lisos cabellos de ébano.
Desparramadas sobre la noche,
mis lágrimas,
dejan rastros de jazmines calientes.
Noche que haces llorar mis sueños,
ansias reprimidas de futuro.
Rompe en sollozos mi guitarra,
agonías del alma en lejanía,
suspiros que flotan al rasguear.
Hiende la luna su mar de estrellas,
rompe nubes plateadas su quilla,
recordándome un no te quiero querer,
unos cabellos desparramados, una sonrisa.
Entre hierbabuena y azahar,
mantos de estrellas, sollozos de guitarra,
recuerdos encadenados, flotando encima,
como luna plateada, tu rostro mujer.
Mi corazón está cerca del mar, donde nació,
donde aprendió a amar, entre olas y calmas,
entre cantos rodados y barcas en la arena,
tumbadas sobre un costado unas,
apoyadas con traviesas otras,
esperando las ascuas del crepúsculo,
para contar sus vivencias al caminante nocturno.
Allí tumbado entre ellas,
esperé el resplandor de la aurora,
soñando con tus sedosos cabellos,
negras nubes de tormenta semejaban,
soñando con tu sonrisa, cual alba en roca fría,
pensando en ceñir zafiros de estrellas,
a tu garganta de diosa.
Con el fuego de ese amor, voy hacia la mar,
mas nunca hacia el olvido,
porque tornar atrás no puedo,
porque diste a mi vida, la palabra perdida,
el vocablo amado.
Y así en tu rostro me recreo, tus manos,
me acarician, demostrándome que no sueño,
tus ojos me dicen, que este que soy,
seré lo que sea, mas soy tu amante,
y en el íntimo espejo de los míos,
rompen lágrimas de alegría,
que tus labios absorben.